jueves, 14 de febrero de 2013

NENA

CONCURSO DE RELATOS
NICK: Pizkita


Nadie seca mis lágrimas como ella. Me encanta sentir su áspera lengua rosita recorrer mis mejillas sin dejarse ni una sola gota. A veces creo que me lee el pensamiento, que sabe lo que lo que necesito en cada momento…
Nuestras vidas se cruzaron en el momento preciso, ella estaba en la calle y yo andaba perdida. Sonrío al recordar la primera vez que la vi en brazos de mi hermano. La pobre no hacía más que maullar, tenía hambre, un dedito roto y buscaba amor. Así nos conocimos. Nuestro vínculo se hizo grande e íntimo en cuestión de días. Nos buscábamos la una a la otra. Ella buscaba hogar y yo compañera de viaje.
Realmente no puedo expresar con palabras lo agradecida que le estoy, ella me salvó. Y tras idas y venidas al final acabamos en un hogar feliz en el que poder correr, salir de nuevo a la calle y “gatusear” libremente.
Dormíamos juntas, no nos separábamos, éramos compañeras, cómplices y compinches. En este nuevo hogar feliz degustó los más exquisitos platos: que si un poquito de atún, que si otro poquito de filete y por supuesto no podía faltar una más o menos amplia variedad de mariscos, siendo sus preferidos los langostinos.
Con ella cada día era mejor que el anterior, la casa se había transformado, rebosa vida y amor (aparte de algún que otro pelo). Incluso los más reacios a tratar con gatos acabaron sucumbiendo a sus encantos. Y es que no hay nada como convivir con un gato.
Los años han pasado, han habido cambios pero ella sigue ahí, un poco más gordita, eso sí, pero con la misma y dulzura y bondad de siempre. No he conocido animal (racional y no racional) tan bueno y leal como ella. Tengo que confesar que estoy enamorada de esta gatita, me robó el corazón y no he querido que me lo devuelva.
A veces pienso si ella será tan feliz junto a mí como yo lo soy junto a ella. Su ronroneo me serena, me calma y tranquiliza. Junto a ella todo es más bonito, me transmite su fuerza y por eso me he decidido (por fin) a escribir este relato, porque ella, una vez más, ha secado mis lágrimas y me siento en el deber de gritar al mundo entero (y además dejarlo por escrito) que: NENA, ¡TE QUIERO Y MI CORAZÓN SIEMPRE SERÁ TUYO!


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